lunes, 26 de diciembre de 2011

Angeles terrenales

La mañana habia transcurrido bastante normal hasta aquel momento... El momento en que conoceria mi destino...

¿Asael? ¿Como podia esa mujer conocer mi nombre? ¿Seria amiga de mis padres?..

Todo eran preguntas en mi cabeza, hasta que me di cuenta de que nada se movia en aquel bagon del metro. Aquella luz parpadeante se habia quedado fija en una media luz, el tren entero se habia detenido, no se oia nada tampoco, todo era silencio, unsilencio estrtemecedor...

-No te preocupes Asael, no voi a hacerte daño.- Dijo aquella mujer de ojos verdes- Mi nombre es Elizabeth.- añadió.

Me costaba respirar, el mundo entero se había detenido, incluyendo mis pulmones. Con un gran esfuerzo pregunte, -¿Que quieres de mi?- cada palabra era un suplicio, me dolía cada silaba que salia de mis labios.

-Necesito una pequeña ayuda por tu parte.-

¿¡Ayuda!? ¿Esa mujer quería que la ayudase? Todo aquello me estaba empezando a sobrepasar e hice un gran esfuerzo por cerrar los ojos para intentar aclararme...Un brillo cegador me obligo a cerrar con mas fuerza los ojos.Al abrirlos, una espesa capa de plumas ennegrecida se encontraba entre aquella mujer y yo.

-Deja al chico Elizabeth, esta no es su guerra.-

Era la voz de un hombre, era firme y decidida pero a su vez calida y arrulladora, era un hombre y podia moverse en este mundo inmovil.

- Esta guerra es tanto suya como nuestra- replico la mujer- Es parte de nuestro mundo por lo tanto tiene derecho a conocerla y elegir bando.-

¿Guerra?, ¿bandos?, ¿su mundo?, ¿de que demonios estan hablando?... Las dudas y preguntas empezaban a agolparse en mi cabeza, y cada vez me costaba mas y mas respirar. El pecho me dolia con cada intento de respiracion.

-No metas al chico o te arrepentiras.- respondio el hombre.

-Y dime anciano, ¿porque el gran jefe manda a uno de sus mas poderosos aliados a proteger a un chiquillo?- La voz de la mujer sonó irritada como si la presencia de aquel hombre la pusiera nerviosa.

Con un gran esfuerzo mire hacia arriba. ¡Las plumas eran alas!, tres pares de alas grisaceas y viejas, y entre ellas una larga melena blanca como la nieve.

- Es el ultimo aviso Elizabeth, deja en paz al chico.-

- Y si no lo hago... ¿que haras viejo?.- la voz de la mujer empezo a sonar airada, con un deje de violencia. La mujer se levanto.

De pronto un destello azulado me obligo a cerrar nuevamente los ojos, cuando quise darme cuenta un gran soble estaba apollado contra la garganta de la mujer. Era increiblemente ermoso, debia de ser plata, con un brillo azulado emvolbiendotodo el sable, con dos alas tambien de plata a modo de guarda. La espada freno a la mujer poko antes de incorporarse por completo.-Vete por tu propia voluntad o yo mismo me encargare de que vuelvas a tus dominios.- La voz seguia sonando calida pero a su vez estremecedoramente agresiva.

Mis pulmones se resistian cada vez mas a respirar y el dolor iba en aumento.

-Te arrepentiras de esto viejo, cuando termine no quedara nadie para protegerle, entonces sera mio y no podras hacer nada para impedirlo.- esta vez, la voz de la mujer era mas agresiva si cabe que antes, fue mas un gruñido, algo en su voz sono animal haciendome estremecer.

-Ultimo aviso, ¡fuera!- y entre una bocanada de humo y llamas, la mujer se desvanecio ante mis ojos segundos antes de desmallarme por la falta de aire...

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